Con hostales económicos, campamentos de lujo en las lomas y pescado frito en el mercado, el pueblo costero se abre a todo tipo de presupuestos sin perder su esencia auténtica
Las Terrenas, Samaná.- Quien todavía tenga en mente que Las Terrenas es solo para turistas extranjeros, está muy equivocado, porque en este rincón de Samaná ahora se mezclan dos mundos: el de los hoteles lujosos frente a la playa y el de los dominicanos que llegan los fines de semana a comer pescado con coco y a pasarla bien en familia.
El viaje dura unas dos horas y media desde la capital cruzando la autopista del Nordeste. Lo primero que notas al llegar al pueblo es su ambiente “chulo”, con pizzerías italianas al lado de colmados típicos, letreros en varios idiomas y bachata sonando en cada esquina mientras caminan turistas de todas partes del mundo. Y es que los dominicanos le dan un toque especial a todo.
Una playa donde el dominicano volvió a sentirse en casa
La playa principal es el verdadero corazón de Las Terrenas, porque posee una arena preciosa y el mar es tan calmado que la gente se baña tranquila en familia. Y qué delicioso es arrancar el día bien tempranito con el olor a yaniqueque frito y cerrar con un ambiente chulísimo en el paseo marítimo cuando cae el sol.
El gran cambio del pueblo no es solo la construcción, sino que la gente local regresó a la playa. Con las nuevas luces, los murales de colores y el arreglo de las calles, la gente de aquí se adueñó del lugar. “Antes, esta playa parecía solo para los turistas. Hoy salimos a caminar con los hijos tranquilos, sin sentirnos extraños en nuestra propia tierra”, cuenta doña Altagracia, que tiene 20 años vendiendo agua de coco en Playa Punta Popy.
El recorrido ideal para tu escapada
Mañana: Playa Bonita y Las Ballenas
Está solo a diez minutos en motoconcho. Date un baño de pueblo y luego sumérgete en agua cristalina y casi sin gente entre semana, lo que es mucho mejor. Lleva tu neverita; ahí no hay restaurantes caros, lo que hay es paz.
Mediodía: El mercado y la comida local
Olvídate del resort un día y vete al mercado municipal a comerte un rico plato de pescado con tostones por unos RD$450, donde te atienden como familia. Prueba un buen servicio mixto de mariscos en la calle Duarte.
Tarde: Pueblo de los Pescadores
Caminar descalzo por ahí es casi obligatorio. Este rincón es famoso porque se quemó hace un tiempo, pero lo hicieron de nuevo y quedó bellísimo. Ahora está lleno de tienditas de ropa, bares con música en vivo y terrazas frente al mar. El ambiente es un éxito: los jueves hay karaoke y los viernes se baila merengue.
Extra: Cascada El Arroyo
Aquí casi nada queda lejos, pues está a tan solo 40 minutos en carretera. Si ya fuiste al salto El Limón, cambia la ruta y ve a la cascada de El Arroyo, ya que es más pequeña, pero el truco es que te bañas prácticamente a solas, rodeado de pura naturaleza y con mucha tranquilidad.
Para los que no quieren pagar los más de 200 dólares que cuesta un hotel boutique, Las Terrenas ahora tiene opciones más baratas. Abrieron hostales para mochileros en el centro y campamentos ecológicos en las lomas para conectar directamente con la naturaleza.
“El visitante de hoy busca comodidad, pero también quiere la experiencia auténtica del pueblo, la bachata alta y el pescado con coco", comenta Carlos, un instructor local que renta tablas de paddleboard en la playa. "Esa mezcla de jazz en un restaurante francés y bachata en el colmado de al lado es lo que nos hace únicos".
Ya sea para comer pescado con coco en el mercado o para caminar descalzo en el Pueblo de los Pescadores, este rincón de Samaná demuestra que se puede crecer sin perder la identidad.
Las Terrenas cambió, es verdad, pero por suerte todavía guarda esa vibra de pueblo costero que te hace desconectarte del mundo desde que pisas su arena.








