De Capotillo a la presidencia: Santiago Matías “Alofoke”

La política dominicana, históricamente un ecosistema dominado por estructuras partidarias robustas y liderazgos tradicionales, se enfrenta a un fenómeno particularmente disruptivo: la formalización de las aspiraciones presidenciales de Santiago Matías, conocido popularmente como “Alofoke”. Con el depósito de la solicitud de reconocimiento de su partido, Dominicanos Primero, ante la Junta Central Electoral, Matías no solo busca un espacio en la boleta; desafía la naturaleza misma de cómo se construye el poder en el país.

El fenómeno del outsider digital

Santiago Matías representa la cristalización del outsider en la era de la atención. A diferencia de los líderes que ascendieron a través de los cuadros juveniles de los partidos mayoritarios, Matías ha edificado su capital político sobre la base de una audiencia masiva, construida desde el barrio de Capotillo hasta convertirse en un emporio mediático digital.

Su incursión en la política formal revela una transformación profunda en las fuentes desde las cuales puede construirse poder político. Durante décadas, la ruta hacia el liderazgo nacional estuvo asociada casi inevitablemente a la militancia partidaria, la construcción territorial, el ejercicio de funciones públicas y la consolidación de estructuras electorales. El fenómeno de Alofoke introduce una variable distinta: una comunidad de seguidores construida previamente en el espacio digital y susceptible, eventualmente, de convertirse en una comunidad política.

Para sus seguidores, Alofoke encarna la meritocracia del “hecho a sí mismo”. Su narrativa conecta con una generación que siente que la política tradicional no habla su lenguaje ni comprende sus códigos de supervivencia y éxito. Sin embargo, para sus críticos, su candidatura es el reflejo de la espectacularización de la vida pública, donde la capacidad de generar engagement en redes sociales puede llegar a confundirse con las capacidades institucionales que exige gobernar una nación.

¿Qué significa Dominicanos Primero?

La creación de Dominicanos Primero bajo el liderazgo de Matías es un movimiento audaz. Al intentar saltar la barrera de la influencia digital hacia la institucionalidad partidaria, el proyecto busca institucionalizar un descontento social que ya existe en las plataformas digitales.

Tener un outsider de este perfil como candidato presidencial significaría, en términos prácticos, una ruptura con el statu quo. Un gobierno bajo este esquema no se mediría por la tradición de sus alianzas o su historia de lucha partidaria, sino por su capacidad de ejecutar una agenda que priorice la inmediatez y la respuesta directa a los problemas que su audiencia ha señalado durante años.

No obstante, aquí aparece el verdadero desafío del proyecto: transformar una audiencia en una estructura política capaz de competir electoralmente a escala nacional. La popularidad en las plataformas digitales puede generar reconocimiento, simpatía y adhesión, pero el voto requiere una operación diferente. Requiere organización territorial, dirigentes, delegados, equipos electorales, capacidad de movilización, presencia en las comunidades y, sobre todo, una propuesta programática capaz de trascender la figura de su líder.

Un espejo de los tiempos

El ascenso de Santiago Matías es, en última instancia, un síntoma de una sociedad que ha cambiado más rápido que sus instituciones. La República Dominicana se encuentra en una encrucijada: el modelo tradicional de hacer política está bajo escrutinio, mientras nuevos liderazgos intentan convertir la influencia construida en el mundo digital en representación política formal.

Para Santiago Matías y Dominicanos Primero, el reto de cara a las elecciones de 2028 será precisamente ese: demostrar que la simpatía puede convertirse en voto y que una audiencia puede transformarse en una estructura electoral organizada. Tener millones de reproducciones, altos niveles de interacción y una comunidad digital activa constituye un capital político relevante, pero no garantiza, por sí mismo, una victoria electoral.

La construcción de ese puente exigirá tiempo, organización y disciplina partidaria. Será necesario pasar de la comunicación unilateral a la organización territorial; de los seguidores a los militantes; de las plataformas digitales a las comunidades; y de la marca personal a una estructura política capaz de sostener un proyecto nacional.

La pregunta que quedará abierta, entonces, no será únicamente hasta dónde puede llegar Santiago Matías en las encuestas o cuánto puede crecer su popularidad. La verdadera interrogante será si tendrá la capacidad de convertir el fenómeno mediático que ha construido durante años en una organización política nacional capaz de traducir esa influencia en votos.

Si logra hacerlo, estaremos ante algo más que la aparición de una nueva candidatura: estaremos frente a una transformación en la manera de construir poder político en la República Dominicana. Si no lo consigue, Dominicanos Primero podría quedar como la expresión más visible de una época en la que las redes sociales demostraron que podían construir influencia política, pero no necesariamente sustituir la organización que una elección nacional demanda.

El camino de Capotillo a la presidencia, trazado por Alofoke, apenas comienza. Y serán la organización, el programa y, finalmente, las urnas, los que determinarán hasta dónde puede llegar.