Motor de crecimiento: la huella del mercado de valores dominicano en la economía real

Quiero comenzar con una cifra: RD$595 mil millones de pesos dominicanos.

Ese es, aproximadamente, el monto de valores de oferta pública que actualmente circula en el mercado de valores, colocado por el sector privado.  Este monto no incluye la parte mas grande del mercado, la deuda a través de instrumentos emitidos por el Estado dominicano y por entidades vinculadas a él.

Un mercado de deuda pública profundo y líquido es una pieza fundamental para el desarrollo de cualquier país. Le permite al Estado financiar infraestructura, programas sociales e inversión pública sin depender exclusivamente del sistema bancario o de otras fuentes de financiamiento. También establece una curva de referencia que sirve como punto de partida para el resto del mercado. Cuando el Gobierno coloca deuda a diez años, por ejemplo, ese rendimiento ayuda a determinar el precio al cual una empresa privada puede financiarse a ese mismo plazo.

Hay otro elemento importante. Un mercado de deuda soberana que funciona con transparencia y disciplina fortalece la confianza de los inversionistas locales e internacionales en el país. Eso también importa en nuestro camino hacia el grado de inversión.

Pero este articulo no trata sobre la deuda publica, sino del pedazo mas pequeño del pastel, las emisiones privadas, las cuales, aun siendo menor en cuantía es la que nos permiten ver con mayor claridad su potencial para impactar directamente la economía productiva. Es aquí donde podemos seguir el recorrido del capital y verlo convertirse en fábricas, plantas de energía, hoteles, centros logísticos, y empleos.

Y es prudente destacar el rol transcendental de las AFPS, como los inversionistas institucionales más importantes del sector, que con ahorro previsional han sido un motor clave de la demanda de valores y de todo lo que se ha construido a través del mercado

A veces se escucha hablar del mercado de valores como si fuera algo lejano o reservado para grandes grupos financieros o empresas de determinado tamaño. Cuando vemos lo que ya está ocurriendo a través de las emisiones privadas, encontramos una realidad distinta.

A través de los fondos de inversión y otros vehículos privados tenemos más de 280 proyectos actualmente financiados, distribuidos en 15 actividades económicas, asociados a más de 58,000 empleos directos, más el efecto multiplicador en la creación de empleos indirectos de cada sector.

Es decir, el mercado de valores ya está financiando directamente una parte de la economía real.

Cuando seguimos el recorrido de las emisiones privadas encontramos algo interesante: el capital no está concentrado en una sola actividad económica.

Ha llegado a energía, al sector financiero, turismo, inmobiliario, industria, infraestructura y construcción, comercio y servicios. Energía representa alrededor de un 30% del capital canalizado y el sector financiero aproximadamente un 23%. Le siguen turismo, inmobiliario, industria, infraestructura y construcción, comercio y otros sectores.

Pero lo importante no son esos porcentajes sino lo que nos dicen; el mercado tiene capacidad para financiar actividades económicas muy distintas.

Una emisión deja de ser simplemente un instrumento financiero cuando ese dinero termina financiando generación de energía, una infraestructura, un desarrollo turístico, una industria o una empresa que necesita capital para crecer.

Creo que esa es una mejor manera de medir el desarrollo del mercado: no solo por el volumen de sus emisiones, sino también por su impacto sobre la economía.

También hay una dimensión geográfica que me parece importante.

Cuando vemos dónde terminan esas inversiones, encontramos proyectos en distintas zonas de la República Dominicana. Naturalmente existen concentraciones importantes. La región Este y Santo Domingo captan una proporción relevante, pero también encontramos actividad en el Norte, el Cibao Central y el Sur.

Esto nos recuerda algo que a veces se pierde cuando hablamos del mercado de valores únicamente en términos financieros: el capital tiene geografía.  Cuando financiamos un proyecto en una provincia, los recursos no llegan únicamente a una empresa. Alrededor de esa inversión aparecen empleos, proveedores, infraestructura y nueva actividad económica. Por eso, cuando el capital llega a una provincia, el desarrollo llega con él.

Ahora bien, ¿a través de qué instrumentos estamos haciendo esto?

Dentro del segmento privado, aproximadamente un 57% corresponde a cuotas de fondos de inversión y un 38% a instrumentos de deuda privada. Los fideicomisos de oferta pública y las acciones completan la composición. Esta fotografía también nos muestra dónde está una parte importante de la oportunidad que tenemos por delante.

Ya contamos con instrumentos, inversionistas y estructuras capaces de canalizar capital hacia proyectos productivos. El próximo paso es ampliar las alternativas y lograr que más empresas utilicen el mercado como fuente de financiamiento. Mientras más opciones tenga nuestro sector productivo para obtener capital, menor será su dependencia de una única fuente de financiamiento.

Y quizás aquí merece la pena introducir otra idea. Ya vemos que el mercado tiene capacidad de financiar el sector privado, entonces quizás la pregunta que deben hacerse las empresas no es si el mercado puede financiarles, sino ¿ Que tengo yo que hacer para que mi empresa pueda ser una opción de inversión del mercado de valores?

La confianza como pilar de la inversión.

Para que el mercado financiero pueda cumplir plenamente su función, hay un elemento esencial y que no aparece reflejado en ningún balance financiero: la confianza. Sin confianza, el capital se retrae; con confianza, el capital encuentra espacios donde invertir.

Y aquí precisamente está el rol de la Superintendencia: regular eficientemente, supervisar y promover el desarrollo de un mercado cada vez más transparente, confiable y competitivo. Construir las condiciones para que ocurra una secuencia que, para nosotros, es fundamental: confianza genera inversión; inversión genera desarrollo; y desarrollo genera bienestar social.

Esto cobra especial relevancia en proyectos e iniciativas, particularmente cuando se trata de proyectos financiados a través del ahorro público. Cuando existe transparencia y confianza alrededor de estos proyectos, no solo se facilita la movilización de recursos, sino que se fortalece su credibilidad frente a la ciudadanía de que los recursos están siendo utilizados para generar rentabilidad, bienestar y valor colectivo.

Y mientras mayor sea la confianza en nuestro mercado, mayor será también su capacidad para atraer capital dominicano y extranjero y ampliar sus posibilidades de desarrollo.

Todo esto adquiere todavía más relevancia cuando lo ponemos frente a la meta de país que nos hemos trazado.

Meta RD 2036 plantea duplicar el Producto Interno Bruto real de la República Dominicana al 2036.

A esto se suman otras metas importantes: eliminar la pobreza extrema, generar alrededor de 1.7 millones de nuevos empleos formales, triplicar el salario medio y alcanzar el grado de inversión.

Son metas ambiciosas, y precisamente por eso requieren que pensemos también en cómo vamos a financiarlas.

Un crecimiento de esa magnitud no puede descansar únicamente sobre el gasto público o sobre el crédito bancario. Vamos a necesitar movilizar mucho más capital y hacerlo a plazos compatibles con las inversiones que queremos desarrollar.

El mercado de valores tiene un rol fundamental en ese proceso.

No se trata de sustituir al crédito bancario, sino de complementarlo y crear mecanismos que permitan canalizar una parte del ahorro institucional, incluyendo los fondos de pensiones, hacia proyectos productivos capaces de generar crecimiento.

Por eso, dentro de Meta RD 2036 se constituyó un comité específico de mercado de capitales y pensiones. Su importancia va mucho más allá del propio sector financiero. Muchas de las demás metas que nos hemos planteado como país, en sectores como energía, turismo, industria, infraestructura y agropecuaria, van a necesitar capital de largo plazo para poder ejecutarse.

Tenemos que comenzar a ver el mercado de valores como una herramienta para movilizar parte del capital que la República Dominicana va a necesitar durante los próximos diez años.

Cada empresa que llega al mercado, cada instrumento que desarrollamos y cada nuevo inversionista aumenta esa capacidad.

Ya hemos visto lo que puede hacer el mercado cuando existen proyectos, estructuras adecuadas e inversionistas dispuestos a financiarlos. Ahora tenemos que pensar en escala.

El desarrollo del mercado depende de todos los que participamos en él. Necesitamos más emisores, más inversionistas, nuevos instrumentos y mayor liquidez. Pero, sobre todo, necesitamos que más empresas dominicanas entiendan que el mercado de valores puede ser una fuente real de capital para crecer. Y quienes estructuramos, regulamos, administramos e invertimos esos recursos tenemos que crear las condiciones para que eso ocurra.

El futuro está por delante!

Quiero regresar a la cifra con la que comencé: RD$595 mil millones de pesos. Pero quiero dejarles una cifra aún más poderosa 721 mil millones de pesosaprobados y no colocados.

A la fecha tenemos 1316 mil millones de pesos aprobados.  De esta cifra, los 595 mil millones de pesos representan los proyectos que ya han sido financiados, las empresas que ya son parte del mercado y el impacto que ya han generado. Y, los 721 mil millones de pesos, representan la capacidad actual del mercado para convertirse en nuevas inversiones.

Lo siguiente es llevar todo este potencial a oportunidades de crecimiento y desarrollo para el país. En ese camino, las iniciativas de Meta RD 2036 plantean importantes necesidades y oportunidades para el desarrollo de la República Dominicana.

Hoy tenemos un mercado que ha demostrado su capacidad para financiar y a tener una incidencia cada vez mayor en la economía productiva. Detrás de las emisiones privadas ya encontramos empresas que han crecido, proyectos que se han desarrollado y capital que ha llegado a distintos sectores y regiones del país.

Pero creo que lo más importante no es lo que hemos hecho hasta ahora, sino lo que todavía podemos hacer.

Duplicar el PIB real al 2036 va a requerir niveles importantes de inversión. Una parte de ese capital puede y debe canalizarse a través del mercado de valores. Nuestro reto es crear las condiciones para que más empresas encuentren aquí una fuente de financiamiento, para que surjan nuevos instrumentos y para que el ahorro disponible pueda llegar a proyectos productivos.

El mercadeo de valores tiene claro el papel que le corresponde: generar confianza, facilitar el desarrollo del mercado y acompañar este proceso.