Irán y el Tablero Geopolítico Actual.

Geopolítica, energía y por qué una crisis en Oriente Medio también impacta a República Dominicana

El estratega polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski advertía en su obra El gran tablero mundial que “quien controla Eurasia controla el mundo”. Más que una frase célebre, se trata de una realidad estratégica: en esa vasta región se concentran grandes reservas energéticas, rutas comerciales decisivas y actores capaces de alterar el equilibrio global.

Dentro de ese tablero, Irán ocupa una posición singular. Heredero de la antigua Persia fundada por Ciro el Grande, fue durante siglos una de las grandes potencias del mundo antiguo. Sus enfrentamientos con las ciudades griegas durante las Guerras Médicas marcaron uno de los primeros choques históricos entre Oriente y Occidente, una tensión civilizatoria que, en cierto modo, sigue proyectándose en la política internacional contemporánea.

El punto de inflexión moderno llegó con la Revolución Islámica de Irán de 1979 liderada por Ruhollah Jomeini. Desde entonces, Irán pasó de ser un aliado estratégico de Estados Unidos y de Israel durante el régimen del sah Mohammad Reza Pahlaví a convertirse en uno de los actores más desafiantes para la arquitectura de seguridad occidental en Oriente Medio.

Uno de los principales focos de tensión es el programa nuclear iraní. Mientras Teherán sostiene que su desarrollo nuclear tiene fines energéticos y científicos, líderes israelíes como el primer ministro Benjamín Netanyahu han advertido que un Irán con capacidad nuclear alteraría profundamente el equilibrio estratégico de la región.

A esta preocupación se suma la política regional iraní. Teherán ha sido señalado por respaldar organizaciones como Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano, además de mantener influencia en distintos escenarios del Medio Oriente a través de milicias aliadas. Esta red de apoyos le permite proyectar poder regional sin recurrir necesariamente a una confrontación directa con potencias occidentales.

Sin embargo, el conflicto en torno a Irán también forma parte de una competencia global más amplia. Para Estados Unidos, contener la influencia iraní es clave para preservar su liderazgo en Oriente Medio. Para China, en cambio, Irán representa un socio estratégico dentro de su expansión económica y energética en Eurasia. Mientras tanto, Rusia ve en Teherán un aliado geopolítico frente a la influencia occidental.

En el fondo, el verdadero centro de esta disputa es la energía. Irán se encuentra cerca del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta, por donde transita una parte significativa del comercio mundial de petróleo. Cualquier escalada militar en esa zona podría provocar una reacción inmediata en los mercados energéticos globales.

Y es precisamente en ese punto donde el conflicto deja de ser un asunto lejano para convertirse en una preocupación concreta para economías como la dominicana. La República Dominicana depende en gran medida de la importación de combustibles para sostener su sistema eléctrico, el transporte y buena parte de su aparato productivo. Un aumento sostenido en los precios del petróleo impactaría directamente en el costo de la electricidad, el transporte y el precio de los alimentos.

El Caribe, además, es una región profundamente dependiente del turismo internacional y del comercio global. Una crisis energética o un conflicto prolongado en Oriente Medio podría encarecer el transporte aéreo y marítimo, afectar el flujo de visitantes y generar presiones inflacionarias que impactarían directamente a las economías insulares.

Por ello, los acontecimientos en torno a Irán no deben verse como un conflicto distante. En un mundo interdependiente, una decisión estratégica en el Golfo Pérsico puede terminar influyendo en el precio del combustible en Santo Domingo o en el costo de vida de millones de ciudadanos en el Caribe.

La verdadera controversia no está en reconocer esta realidad, sino en admitir que países como la República Dominicana siguen siendo altamente vulnerables a los choques energéticos internacionales. Mientras esa dependencia continúe, cada crisis en Oriente Medio tendrá la capacidad de trasladarse silenciosamente al bolsillo de los dominicanos.

En el siglo XXI, la geopolítica ya no es un asunto distante reservado a las grandes potencias. Es una fuerza que, tarde o temprano, termina reflejándose en la estabilidad económica de nuestras propias naciones.