Escombros y reconstrucción: el nuevo reto de Venezuela tras el doble terremoto

CARACAS.– El doble terremoto que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio dejó, según estimaciones de Naciones Unidas, alrededor de 1.2 millones de toneladas de escombros, convirtiendo su despeje, tratamiento y remoción en uno de los principales desafíos para avanzar hacia la reconstrucción de las zonas afectadas.

La estimación surge de un diagnóstico desarrollado por el Gobierno venezolano junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Del total, unas 900,000 toneladas corresponden a estructuras colapsadas de concreto y acero en el estado La Guaira, mientras que otras 332,000 toneladas provienen de artículos domésticos y pertenencias personales.

Durante un recorrido realizado por la vía que conecta las localidades de Tanaguarena y Naiguatá, se observaron grandes cantidades de residuos acumulados a un lado de la carretera y cerca del mar. Entre los restos se encuentran concreto, barras de acero, ropa, documentos de identidad, muebles, cables y fotografías.

El ingeniero venezolano José Arreaza explicó que, por el momento, existen limitaciones para trasladar estos materiales hacia Caracas debido a la falta de equipos, el tiempo requerido y los costos de transporte.

«No hay mucho equipo; no puedes agarrar un camión y esperar que haga un viaje ahora y después venga a las tres, cuatro horas», señaló.

Por su parte, el ingeniero Roberto Porciello recordó que una gestión similar de los escombros fue aplicada tras el deslave de 1999, que devastó varias zonas de La Guaira.

Sin embargo, el PNUD sostiene que, ante un desastre de esta magnitud, resulta prioritaria una gestión integral de los residuos que contemple su clasificación, reciclaje y reutilización cuando sea posible.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió recientemente con autoridades nacionales e internacionales para coordinar el programa de remoción de escombros. Entre los participantes estuvo Elad Edri, alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel, quien brinda asesoramiento sobre el manejo de estos residuos.

El director de Sostenibilidad de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Joaquín Benítez, explicó que cerca del 60 % de los escombros podría ser reciclado, lo que representaría un apoyo importante para el proceso de reconstrucción.

El Ministerio de Ecosocialismo informó que movilizó una máquina trituradora para procesar los escombros y convertirlos en material agregado para la construcción, aunque hasta el momento no se han ofrecido detalles sobre su ubicación o funcionamiento.

Benítez advirtió que la recolección debe realizarse tomando en cuenta las características de cada edificación, debido a que los residuos pueden contener distintos materiales potencialmente contaminantes.

En edificios residenciales, por ejemplo, podrían encontrarse vehículos sepultados con aceite y combustible, mientras que en establecimientos comerciales podrían existir sustancias químicas.

El especialista recomendó trasladar los residuos a espacios temporales alejados de cursos de agua y del mar, preferiblemente sobre terrenos impermeables.

«Los escombros no son una masa homogénea. Hay allí elementos estructurales, mampostería y metales, pero también enseres, mobiliarios, restos de vehículos, maquinarias y aparatos eléctricos y electrónicos, y eso hay que empezar a separarlo», explicó.

Porciello consideró posible el reciclaje y la reutilización de parte de los materiales, aunque advirtió que el proceso será complejo debido a la magnitud del desastre.

También señaló que los materiales recuperados no deberían utilizarse en elementos estructurales de nuevas edificaciones, debido a que pudieron sufrir daños y perder resistencia durante los terremotos.

La gestión inadecuada de los escombros también puede representar riesgos ambientales y para la salud. Experiencias internacionales, como la del terremoto que afectó Turquía y Siria en 2023, han evidenciado los desafíos asociados a la acumulación prolongada de residuos y la posible exposición a materiales peligrosos como el asbesto.

Mientras avanzan las labores de limpieza, Venezuela enfrenta ahora el desafío de gestionar de manera segura millones de toneladas de residuos antes de iniciar plenamente la reconstrucción de las comunidades devastadas.