Hablemos del poder: ¿la democracia está pasando de moda?

Cuando pensamos en la democracia y en lo que realmente significa, resulta muy fácil dar una respuesta inmediata. Creemos conocerla porque hemos crecido conviviendo con ella, al punto de asumir que siempre ha estado ahí y que comprendemos plenamente su esencia. Sin embargo, esa misma familiaridad nos ha hecho olvidar que el verdadero logro no es simplemente vivir bajo un sistema democrático, sino haber sido capaces de construirlo y preservarlo.

La verdadera alquimia fue alcanzar una forma de organización política que permite a los ciudadanos participar en su propio destino. Ese logro no surgió por casualidad, sino como resultado de grandes ideas y de una lucha constante contra el poder absoluto, especialmente porque los seres humanos tendemos, por naturaleza, a priorizar nuestros intereses sobre el bien común.

La democracia moderna no puede entenderse sin figuras como George Washington. Tras liderar la independencia de las trece colonias, demostró que el poder debía ejercerse con firmeza, como ocurrió durante la Rebelión del Whisky, pero también con límites. Pese a poder mantenerse en el cargo, decidió retirarse voluntariamente después de dos mandatos, dejando claro que el poder no le pertenecía, sino que era un mandato temporal otorgado por el pueblo.

Hoy el panorama es distinto. El auge del populismo y la escasez de dirigentes verdaderamente democráticos han alimentado un conformismo preocupante. Cada vez son más frecuentes los gobernantes que amplían su poder, como ocurrió con Nayib Bukele en El Salvador tras la aprobación de la reelección indefinida.

David Landau denomina este fenómeno constitucionalismo abusivo: el uso de mecanismos democráticos para concentrar poder. La historia demuestra que quienes lo acumulan rara vez están dispuestos a devolverlo. Por eso, vale preguntarse si la democracia está pasando de moda o si atravesamos otro punto de inflexión de los que cambian la forma en que las sociedades se organizan. Lo que no podemos olvidar es que la democracia ha sido el pilar de nuestra libertad. No es perfecta, y convivir con ella implica desafíos, pero no es lo mismo enfrentarlos con democracia que sin ella.