El problema nunca fue el pleito… Quizás nunca debimos conformarnos con un “mal arreglo”

Durante generaciones hemos repetido una frase que parece incuestionable: "Más vale un mal arreglo que un buen pleito". La hemos aceptado como si fuera un principio jurídico, cuando, en realidad, nunca lo fue. Es un refrán popular nacido de una experiencia compartida: la percepción de que defender un derecho podía terminar costando más que perderlo.

Y, siendo honestos, no era una idea del todo infundada. Procesos prolongados, costos económicos, desgaste emocional, incertidumbre y una justicia que constantemente avanza más lento que los propios conflictos hicieron que muchas personas prefirieran ceder antes que reclamar. No porque tuvieran menos razón ni menos probabilidades de ganar, sino porque el sistema parecía exigirles demasiado para demostrarlo.

Pero aceptar un mal acuerdo por miedo tampoco es justicia.

En los últimos años, el Poder Judicial dominicano ha impulsado mecanismos como la mediación y ha logrado miles de acuerdos que demuestran que negociar puede ser una herramienta inteligente cuando existe equilibrio entre las partes.

Al mismo tiempo, los esfuerzos por reducir la mora judicial y modernizar los procesos apuntan hacia un sistema que aspira a ofrecer respuestas más oportunas. El desafío consiste en que esa evolución sea cada vez más perceptible para el ciudadano y no se quede solo en una intención o en sistemas insuficientes.
Quizás el verdadero debate nunca debió ser si conviene más negociar o litigar. La pregunta correcta es otra: ¿estamos decidiendo desde el criterio o desde la mediocridad judicial?

Una buena negociación protege relaciones, reduce costos y evita conflictos innecesarios. Un buen litigio, cuando no existe otra salida, protege derechos, genera precedentes y fortalece la seguridad jurídica. Ambos son herramientas legítimas; lo que cambia es el momento y la forma de utilizarlas.

Quizás el verdadero reto de una sociedad no sea elegir entre negociar o litigar, sino construir un sistema donde nadie tenga que renunciar a un derecho por miedo al costo de defenderlo.