Monegro despide Santo Domingo 2026 con emoción y gratitud

SANTO DOMINGO.- El presidente del Comité Organizador de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, José P. Monegro, dejó de lado el discurso que había preparado para la ceremonia de clausura y decidió hablar desde la emoción y el agradecimiento.

El texto estaba listo y colocado en el teleprompter. Sin embargo, frente a la energía del Estadio Olímpico Félix Sánchez y ante quienes hicieron posible la realización de los Juegos, Monegro optó por apartarlo.

“Les juro que escribí un discurso y lo traía en el prompter. Está en el prompter. Escribí un discurso. Pero ¿cómo discursear en este ambiente?”, expresó.

Con esas palabras, rompió brevemente el protocolo para reconocer a las personas que estuvieron detrás de los 16 días de competencias y de los más de tres años de preparación que hicieron posible Santo Domingo 2026.

Más que 16 días

Monegro destacó que la celebración no podía resumirse en los 16 días de competencia, sino que debía entenderse como el resultado de un largo proceso de planificación, coordinación y trabajo.

“Hoy quiero iniciar 16 días de satisfacciones. Pero no fueron los 16 días. No fueron los 16 días, sino el camino transcurrido para llegar allá”, afirmó.

En ese camino, dedicó un reconocimiento especial a los voluntarios, a quienes calificó como fundamentales para el desarrollo de los Juegos.

Cada delegación recibida, cada sede atendida y cada jornada desarrollada detrás de escena contó con personas que, lejos de los reflectores, hicieron posible el funcionamiento de una operación que involucró a miles de atletas y representantes de más de una treintena de países.

Una muestra de unidad

El presidente del Comité Organizador también resaltó la unidad alcanzada alrededor del evento y la capacidad del país para asumir proyectos de gran escala cuando existe una dirección común.

En ese contexto, reconoció al presidente Luis Abinader, de quien afirmó que se involucró desde el inicio y terminó convirtiéndose “en un activista más de estos Juegos”.

Monegro también pidió un aplauso para el Comité Organizador, al que definió como una familia construida durante años de trabajo.

Un puente con el Caribe

Uno de los momentos más significativos de su intervención llegó cuando habló del impacto de los Juegos más allá del ámbito deportivo.

Monegro destacó que Santo Domingo 2026 permitió fortalecer los vínculos de República Dominicana con Centroamérica y el Caribe, y reconoció que durante años el país había vivido “de espalda” a parte de la región.

La llegada de miles de atletas y delegaciones permitió, según sus palabras, descubrir nuevamente “lo mucho que nos parecemos y lo mucho que nos queremos”.

También agradeció a Centroamérica por hacer partícipe a República Dominicana de su historia y recordó los vínculos que unen a ambas regiones.

Más allá de las medallas y los récords, Monegro consideró que uno de los principales legados de los Juegos fue precisamente ese acercamiento entre pueblos.

Un alcance regional

Durante su intervención, Monegro aseguró que la celebración alcanzó a unos 835 millones de personas a través de los medios digitales, una cifra que refleja la exposición internacional que tuvo República Dominicana durante el evento.

Sin embargo, el impacto de Santo Domingo 2026 trascendió las cifras. Atletas, dirigentes, voluntarios, técnicos, periodistas y espectadores compartieron una experiencia que colocó al país bajo la mirada regional y permitió estrechar vínculos con las naciones participantes.

Al concluir, Monegro dedicó un agradecimiento especial a Luis Mejía Oviedo por su acompañamiento durante todo el proceso.

El teleprompter permaneció allí con el discurso que había preparado. Pero después de más de tres años de trabajo, Monegro decidió que aquella noche no necesitaba un texto perfectamente estructurado.

Necesitaba decir gracias.

Santo Domingo 2026 cerró sus puertas como competencia deportiva, pero dejó una historia construida durante años: la de un país que asumió el reto de organizar un evento de gran magnitud, una región que volvió a encontrarse y miles de personas que trabajaron para convertir una idea en realidad.