Hace unos días arrancó la fiesta mundialista en la ciudad de México. Recordemos que México es una de las tres sedes, junto a Canadá y Estados Unidos, donde cuarenta y ocho equipos se disputarán el máximo trofeo del fútbol, la Copa del Mundo FIFA 2026, uno de los principales eventos deportivos a nivel global por el nivel de exposición, atención y pasiones que desatada alrededor de todo el mundo cada cuatro años.
En la primera ronda de la fase de grupos, Suiza se enfrentó a Bosnia-Herzegovina y uno de los protagonistas de dicho encuentro fue precisamente un jugador de origen dominicano llamado Rubén Vargas, nacido en Lucerna, Suiza, de padre dominicano. Rubén fue el autor de uno de los goles de la victoria de La Suiza y se convirtió así en el primer jugador de origen dominicano que anota un tanto en una Copa del Mundo.
También, la reciente e histórica victoria del equipo de los Knicks de Nueva York, luego de una sequía de 53 años, tuvo para la comunidad dominicana un gran significado por la presencia de Karl-Anthony Towns, jugador clave en el quinteto.
Karl ha sabido conectar con la comunidad dominicana en Nueva York y hacer vibrar de emoción el territorio dominicano, todo esto mientras alcanza el éxito en una de las ligas más exigentes del mundo abrazando con orgullo sus raíces dominicanas y la bandera tricolor.
La conexión entre el deporte de élite, la diáspora y la identidad nacional ha evolucionado. El orgullo dominicano ya no solo se exhibe en un diamante de béisbol ni se mide en cuadrangulares.Las nuevas generaciones muestran un interés hacia otras disciplinas evidenciando que somos más que béisbol, el deporte que nos abrió las puertas ante el mundo.
Para trascender no todos debemos seguir el mismo camino, pero sí tenemos algo en común, ese sentimiento e identidad con lo nuestro, que es como un hilo invisible que nos hace sentir que pertenecemos a un lugar y a una comunidad, aunque estemos lejos de ella. Ese vínculo con nuestras raíces no depende de una geografía ni de un solo deporte sino de una identidad cultural que se exporta y se redefine constantemente y la diáspora lo sabe.
A pesar de habitar universos tan distantes como el baloncesto estadounidense y el fútbol europeo, Karl-Anthony Towns y Rubén Vargas comparten el mismo anclaje caribeño. Para un dominicano, cruzar el mar Caribe no significa dejar atrás tus costumbres, tus tradiciones ni tu cultura; al contrario, la distancia suele transformar la identidad en un refugio. El compromiso de honrar las raíces se vuelve mucho más profundo cuando se está lejos del territorio, como si la lejanía te inspirara a llevar la patria a flor de piel.
En la era de Instagram, cada detalle en el perfil de una figura pública se ha convertido, más que en una biografía, en una carta de presentación a la vista de millones de seguidores. Ver que Karl-Anthony Towns actual campeón de la NBA, y Rubén Vargas, en la Copa del Mundo FIFA 2026, eligen colocar la bandera dominicana en sus perfiles, demuestra un profundo sentido de orgullo y pertenencia, una prueba irrefutable de que, sin importar la distancia, el idioma o el suelo que se pise, el corazón de la diáspora sigue latiendo al compás de la dominicanidad. Al fin y al cabo, la patria se lleva dondequiera que se va.

Licenciada en Derecho, mención Cum Laude, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), realizó un Master en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional; y una Especialidad en Periodismo Deportivo, por la misma universidad. Posee un Master en Derecho de los Negocios en la Universidad Francisco de Vitoria, España, en colaboración con el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y la Fundación Carolina.
Ha realizado seminarios, congresos y diplomados en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional, Derecho Empresarial mención Bancario, Derecho Bancario y Financiero, Derecho de la Competencia, Alianzas Públicos Privadas, Arbitraje, Propiedad Intelectual, entre otros; y ha sido panelista en varios diplomados y conversatorios.
En el ámbito académico, es docente de la Escuela Nacional de la Judicatura (ENJ) y de la Universidad Iberoamericana (UNIBE), donde imparte las asignaturas de Arbitraje, Derecho Procesal Constitucional y Gestión de Patrimonio Inmobiliario. Es coautora del Anuario de Jurisprudencia Casacional dominicana 2023 y del Anuario del Tribunal Constitucional 2024, ha escrito diversos artículos en periódicos y revistas jurídicas.
Es árbitro de la Corte de Arbitraje y Resolución Alternativa de Conflictos de Santo Domingo y de la Corte de Arbitraje y Resolución Alternativa de Conflictos de Santiago; e intérprete y traductora judicial facultada por el Poder Judicial.
Su ejercicio profesional comprende tanto el sector público como el sector privado, fue Letrada del Tribunal Constitucional y laboró en la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo; además, se ha desempeñado como Abogada en prestigiosas firmas en distintas jurisdicciones del país y ha concentrado su práctica legal en la asesoría empresarial y consultoría en derecho inmobiliario, turismo y casinos, derecho corporativo y societario, contratos, derecho de familia, arbitraje, propiedad intelectual y derecho constitucional.








