La inteligencia artificial y la inminente necesidad de “avanzar hacia el pasado”

 La encíclica “Magnífica Humanitas” del Papa León XIV, publicada el pasado mes de mayo del año en curso, trata abundantes problemáticas actuales que se manifiestan a escala mundial, todas de igual trascendencia; sin embargo, una de ellas se alza por encima de las otras por su injerencia en la cotidianidad y por la gran utilidad práctica que presenta en todos los estamentos de la vida: la Inteligencia Artificial.

Afirmar que la Inteligencia Artificial se encuentra en su momento más crucial se va convirtiendo, día a día, en una obviedad; su evolución constante constituye uno de los hitos más significativos de la humanidad en el ámbito del desarrollo tecnológico, fungiendo como vanguardista en lo que Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (FEM), caracteriza como la Cuarta Revolución Industrial.

En la actualidad, roza lo absurdo el argumento de que existe algún ámbito de la vida en que la Inteligencia Artificial no tenga cierta injerencia, por más mínima que sea; tal ha sido la acogida de la IA a nivel mundial que hoy día pocos son los Estados que no hayan legislado al respecto o, como mínimo, estén en procesode hacerlo. La República Dominicana no es la excepción, encontrándose ya introducidos proyectos de ley de regulación de la Inteligencia Artificial tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados de la República.

El hecho de que numerosos países hayan legislado con relación a la IA, y que incluso un país como la República Dominicana, que históricamente se ha mostrado rezagado al momento de legislar sobre situaciones que le afectan, ya haya dado sus primeros pasos en ese ámbito, deja un mensaje muy claro: la Inteligencia Artificial llegó, y tiene toda la intención de quedarse.

De las repercusiones negativas que podría acarrear la IA en ladestreza y las capacidades cognitivas del ser humano en las generaciones emergentes y futuras ya se han conducido estudios que arrojan cifras y conclusiones verdaderamente preocupantes, esto en caso de que la IA no sea utilizada ateniéndose a los cánones éticos básicos que ya han sido prácticamenteconsensuados mundialmente. Sin embargo, subyace una situación cuya proyección a futuro resulta calamitosa, y es la aceleración del agotamiento de los recursos naturales necesarios para la vida producto del uso de la IA.

Puede el lector en algún momento haberse topado con la frase: “esta información que la IA me suministró solo secó un río”, o algo similar. Esta frase, aunque hiperbólica y, por lo general, utilizada de manera jocosa, podría no estar del todo alejada de la realidad. Un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas publicado este año 2026 muestra datos proyectados para el año 2030 relativos al uso de la IA. Entre estos datos, tres resaltan como los más alarmantes: 1) Se proyecta que para el año 2030 la demanda eléctrica mundial de los centros de datos de Inteligencia Artificial alcanzará los 945 teravatios-hora -para poner esta cifra en perspectiva, constituye casi el triple del uso de energía anual combinado de Pakistán, Bangladesh y Nigeria; países que albergan en conjunto aproximadamente 650 millones de vidas-. 2) Por otro lado, para el año 2030 se proyecta una huella ecológica de emisiones de dióxido de carbono de 399 millones de toneladas -según cálculos realizados por la Universidad de las Naciones Unidas, se requeriría plantar aproximadamente 6,500 millones de árboles en los próximos 10 años para contrarrestar los efectos negativos de referidas emisiones-. 3) Se proyecta que para el año 2030 el uso relacionado a la Inteligencia Artificial dejará una huella ecológica de 9.3 millones de millones de litros de agua -que equivale al uso básico anual doméstico de agua de 1,300 millones de personas de África subsahariana-.

Esbozado lo anterior, regresamos a la encíclica Magnífica Humanitas. El enfoque dado por el Papa León XIV a las incertidumbres que posa la Inteligencia Artificial en la referida encíclica lo dirige al concepto de “desarrollo humano integral”. Resulta relativamente fácil caer en el yerro de equiparar el concepto de desarrollo humano integral al de desarrollo puro y simple; sin embargo, es importante resaltar la diferencia determinante que existe entre ambos.

Cuando se habla de desarrollo puro y simple, se hace referencia a desarrollo en el ámbito de las ciencias económicas; es decir,amparándonos en esta conceptualización de desarrollo, la IA sería incuestionablemente un paso hacia la mejoría colectiva, en tanto supone un aumento en la productividad y la efectividad en el ámbito empresarial y laboral, lo que consecuentementerepercute positivamente en la economía. 

Por otro lado, el desarrollo humano integral, tal como fue concebido en la Doctrina Social de la Iglesia, refiere a un desarrollo socio-económico que sobrepasa lo material, tomando en cuenta las dimensiones económica, social, cultural y política, a la par que enarbolando un enfoque dirigido hacia la subsistencia de la raza humana a futuro -es menester resaltar que el hecho de que el presente concepto haya surgido en un contexto religioso, no se limita a ámbitos de religión, sino que permea todos los aspectos de la vida humana-.

Podría incluso traerse a colación el concepto de desarrollo humano sostenible, que alude a un enfoque del desarrollo que busca mejorar las capacidades y oportunidades de las personas, respetando los límites ecológicos del planeta; tanto el concepto de desarrollo humano integral como de desarrollo humano sostenible juegan un rol casi idéntico en el contexto enarbolado respecto de la Inteligencia Artificial.

A raíz de todo lo anterior, se manifiestan incertidumbres incluso más tasables y comprobables que aquellas relativas al posible decrecimiento de capacidad cognitiva producto del uso indiscriminado de la IA. ¿Para qué fueron todas aquellas políticas públicas a nivel mundial tendentes a promover una cultura de preservación del agua? ¿Qué tal aquellas dirigidas a la reducción de las emisiones de dióxido de carbono? ¿Es que apartarse de todo aquello se justifica “en nombre del desarrollo”?

El objetivo del presente artículo no es criticar el uso de la Inteligencia Artificial, tampoco desmeritar los esfuerzos de los grandes cerebros detrás de ella en búsqueda del progreso, y mucho menos señalar a los Estados por el acogimiento de la IA en sus ordenamientos jurídicos, pues todo ello tiene su razón de ser y responde, en principio, a intenciones nobles; se trata más bien de visualizar a la IA desde el lente del desarrollo humano integral y sostenible y no desde el lente del desarrollo puro y simple.

Una realidad en la que el ser humano anteponga su comodidad inmediata y su dependencia de la Inteligencia Artificial por encima de su desarrollo integral y sostenible, a la par que la subsistencia de las generaciones futuras, día tras día pierde un poco más su carácter de hipotética. Por ello, hasta tanto el ser humano y su inagotable deseo de mejora logre mitigar los efectos radicalmente negativos de la IA, mantengámonos abiertos a la necesidad de “avanzar hacia el pasado”, frase esta que, por más que pudiere tildarse de antinómica, encuentra su respaldo en la prevención de la concreción de una distopía tecnocéntrica.