George Orwell escribió que “todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”. Esta metáfora es útil para reconocer los diversos privilegios (económicos, de género, de nacionalidad, de clase..) que, materialmente, diluyen la igualdad entre las personas.
Estos días de intensas lluvias ponen a prueba nuestra noción de igualdad. Es evidente que no todos enfrentamos las mismas dificultades desde el mismo lugar ni con los mismos medios. Algunos pueden trabajar desde casa, mientras otros deben desafiar el aguacero para llegar a sus labores, sin certezas sobre cómo ni cuándo podrán regresar. Unos miran el diluvio tras los cristales de una oficina climatizada; otros caminan entre charcos y el caos del tránsito, empapados, cargando la ansiedad de perder el día o el salario.
En teoría, todos no hacen más que cumplir sus respectivas responsabilidades. En la práctica, las condiciones para cumplirlas son radicalmente distintas.
Algunos somos privilegiados, y unos pocos lo son mucho más. El privilegio se nota cuando el clima cambia: mientras hay quienes pueden dedicar la tarde a informarse sobre la tormenta, otros la padecen tratando de llegar a casa. Algunos tienen vehículo propio; otros, incluso, chofer. Pero hay quienes esperan una guagua que nunca llega. Y ni hablar de las distancias y del tránsito.
Estos contrastes, tan visibles en los días de lluvia, deberían hacernos reflexionar también en los días de sol. Todos somos iguales ante la ley, sí, pero existen diferencias materiales, sociales y simbólicas que silenciosamente nos separan. Algunos nacen con ventajas que otros jamás podrán alcanzar: acceso a educación de calidad, redes de contacto, estabilidad económica…
Reconocer los privilegios, los propios y los ajenos, no implica culpa, sino conciencia. Es entender que el mérito personal en ocasiones es impulsado por circunstancias que no todos comparten.
La justicia empieza por la empatía. Por eso, antes de exigir, juzgar o cometer el error de medir con la vara del privilegio, recordemos que la lluvia no moja igual para todos.

Licenciado en Derecho, cum laude, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Maestría en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional (UASD). Maestría en Ciencias de la Educación, Université Paris-Est Créteil (UPEC). Cursa la Maestría en Derecho Electoral y Procesal Electoral (UASD). Desde el año 2010 ha estado vinculado al sector judicial y a la educación superior, con experiencia en la formulación, implementación y evaluación de proyectos de formación y capacitación, gestión docente y docencia universitaria. Actualmente es Asistente Ejecutivo del Tribunal Superior Electoral. Colabora como articulista de la Revista Justicia Electoral y como docente del Centro de Investigación y Capacitación de Justicia Electoral y Democracia (CICJED). Asesor metodológico de la Escuela Nacional de la Judicatura (ENJ). Profesor de Derecho Constitucional, Derecho Electoral, Derecho Procesal Constitucional y Organización Judicial en la Universidad Félix Adam (UNEFA) y la Universidad Federico Henríquez y Carvajal (UFHEC), donde a nivel de posgrado imparte la asignatura Derechos Políticos y Régimen Electoral.









